Por Jorge Carriles
En la vida de todo héroe con casco de fútbol americano hay un momento de decisión: sigo o lo dejo. Lo que diferencia la opción que toman uno y el otro es su grado de masoquismo. Uno está dispuesto al dolor de seguir y el otro no. Hay muy pocos deportes de conjunto que requieran tantas repeticiones grupales. El fútbol americano no tiene equivalente. Cada off tackle, cada pase pantalla, cada regreso de patada, cada estrategia para detener jugadas, son muy complejos y constituyen toda una coreografía llevada al extremo. El nivel de sofisticación empieza en infantil: el niño aprende a correr, a tener balance corporal, a lanzar o cachar el balón. Sigue en juvenil e intermedia cuando el atleta realiza repeticiones interminables de cinco caminos de pase, cuando realiza trabajo diario de coordinación ojos - pies y ojos - manos, y cuando debe amalgamarse con otros. Termina en la máxima categoría. Ahí debe perfeccionar sus lecturas, estudiar libros de juego que contienen quince o veinte formaciones diferentes y más de cien jugadas, llevar los diagramas hasta lo más profundo de su entendimiento, y estudiar películas de sus rivales.
__________________________________________________________________
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
2 comentarios:
Después del primer año que jugué pensé seriamente en dejarlo. Pero seguí 10 temporadas más. Y después de 4 años una más en intermedia. Y lo dejé. Sentí alivio (lo confieso) pero no hay semana que no sueñe con un entrenamiento.
¡Un abrazo!
Rafael Frias
Cuando iniciaba cada práctica con las acostumbradas vueltas al campo, mientras trotaba viendo al suelo, siempre me preguntaba, "¿y por que sigo aquí?". Al terminar la temporada y estar asfixiado por un vacío en mi vida, por el nudo en la garganta al recordar a los coaches, a los compañeros, el olor a pasto, el temblor antes del kickoff, entonces esa pregunta estaba completamente respondida. Me resulta digno de psicoanalisis que despues de 12 años sigo sintiendo ese vacio.
Publicar un comentario