Por Jorge Carriles
Ahí estuvo también el señor Galo y otros padres de la organización. Revisando uno por uno a los jugadores. El casco, el barbiquejo, las hombreras, las riñoneras. Nadie puede entrar al campo si algo le falta. Es muy estricto. El fútbol americano fue su vida durante los años en que su hijo participó. Muchos de los niños que pasaron por sus manos llegaron finalmente a la categoría mayor y algunos fueron estrellas. Galo decía: cuando ves eso sientes que valió la pena y que hiciste algo bueno. Cuando jugábamos en casa, junto con Galo había siempre un ejercito de padres que ayudaba a pintar el campo y arreglar la bodega, mientras las señoras preparaban la “tiendita”.
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