En la familia las cosas se aprenden de un modo bastante distinto al que tiene lugar en la escuela: el clima de la familia está lleno de cariño. La enseñanza se apoya más en el contagio y en la seducción que en lecciones científicamente preparadas. El niño y el joven pueden refugiarse en la familia cuando el mundo exterior les es hostil, aunque de la familia no hay escape posible. El aprendizaje familiar utiliza un instrumento muy eficaz de coerción: la amenaza de perder el cariño de aquellos seres sin los que uno no sabe aún cómo sobrevivir. Por eso afirmaba Goethe que “da más fuerza saberse amado que saberse fuerte”.
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