Cada vez con mayor frecuencia los familiares a cargo de los niños en lugar de formarlos los abandonan a los maestros. Después se molestan ante sus fallos y pocas veces se sienten culpables por la obligación que rehuyen. En los hogares modernos cada vez hay menos mujeres y ancianos, que antes eran los miembros de la familia que más tiempo pasaban en casa junto a los niños. Y es que para que una familia funcione educativamente es imprescindible que alguien en ella juegue el papel de adulto; pero cuando hay un padre que sólo quiere figurar como “el mejor amigo de sus hijos” eso no ayuda mucho; y cuando la madre sueña con permanecer joven y ser confundida con la hermana mayor de su hijo, tampoco.
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